
Hoy voy a cambiar
salir dentro de mi no ser solo corazón
dejar y parar fracasos
soltar los brazos y libertad que oprime mi razón
volar libre con todos mis defectos,
para poder rescatar mis derechos
y no cobrarle a la vida caminos y decisiones
hoy quiero y debo cambiar
dividirle al tiempo y sumarle al viento
todas las cosa que un día soñé conquistar
Porque soy mujer como cualquiera
con dudas y soluciones,
con defectos y virtudes
con amor y desamor
soy como gaviota
pero felina como una leona
tranquila y pacificadora
pero al mismo tiempo irreverente y revolucionaria
feliz e infeliz
realista y soñadora
sumisa por condición
más independiente por opinión
porque soy mujer,
con todas las incoherencias que nacen en mi
fuerte, sexo débil...
La leona dormida ha despertado varias veces en mi existencia, me he curado las heridas y me he muerto un par de veces, para surgir renovado, de las cenizas pues, como el ave fénix. Acostumbrado a los dramones y series para adolescentes, mi vida se coció como una telenovela mal hecha, de esas que aburren y le cambias, pero de pronto aparece un ingrediente que lo transforma y lo vuelve todo a una gama de colores, la “jodida” pregunta comienza a tener sentido y el mundo “wannabe” se me paraliza cuando llega la universidad y la vida supera cualquier ficción.
La cosa es la siguiente “El sufrimiento es el medio por el cual existimos, porque es el único gracias al cual tenemos conciencia de existir (…) quién vive sin sufrir no existe”, si se toma en cuenta que el sufrimiento lleva a la conciencia la sentencia resulta clara, pero no perdamos de vista que dichas aseveraciones vienen de un dramaturgo irlandés y homosexual, cuyos amantes le hicieron ver su suerte, era lógico que desarrollara esa particular cosmovisión ¿no?. Yo encerrado, en mi alcoba, dejaba que la “pinche” culpa y otros demonios hicieran estragos en mi cabecita viviendo ya en los inicios del siglo XXI, no quiero pensar como habrá sido para el señor Wilde en su tiempo, y es que las “chaquetas” mentales están a la orden del día cuando uno es “más sensible en su trato”, es decir, cuando uno es “jotito”.
No hay marcha atrás, la vida dispuesta está a cambiar por completo y no hay nada que puedas hacer sensato mas que dejarte llevar. Antes de los eventos más desgarradores hubo un pequeño espasmo que me mantenía cómo siempre confuso, en la preparatoria llegó el hombre perfecto, que me rescataba, cual princesa desahuciada, de mi soledad y confusión, el hombre que me resolvió con consejos “pendejos” lo que para mi era un pesar en el corazón que no me atrevía a llamar por su verdadero nombre: angustia, angustia que no me dejaba ser quien realmente era. Para acercarme a él, certero de que no sospechara la verdad, me hice de una novia particularmente de moral ligera (suspiro), que sabía desde antes me pondría olímpicamente el cuerno, y así ocurrió al mes de relación, y no pudo ser mejor, ya que presto corrí a los brazos de aquél hombre pidiendo consejo, consejo para un pobre desamparado al que le habían visto la cara de imbécil.
En el mundo del “wannabe” nada es dejado a la suerte y cada acción provoca una reacción congruente a lo que se espera, y así fue, los mejores días de preparatoria fueron esas nubladas tardes cuando me fugaba con hombre perfecto a los cafés o por cervezas y me sacaba una sonrisa o varias, mientras me otorgaba lo que para él era sabiduría viril: “Así son las viejas, usted es un chingón, échele ganas, hay más culos en el agua, perdón peces” Y yo de “babotas” aglutinando esas frases sin prestarles atención, solamente viendo sus labios perfectos, escuchando su voz perfecta, digiriendo su risa perfecta, hasta que el hechizo terminó, digo uno quiere causar lastima, pero no toda su vida va a actuar como un perdedor, y en ese instante pasaron dos cosas: Uno: hombre perfecto se consiguió una novia y dos: como ya mencioné, la universidad llegó con todo su drama incluido.
No es normal que un amigo cele a otro por la vieja, eso es historia de locas y “titeras”, así que poco a poquito con mi corazón hecho pedacitos vi como hombre perfecto fue saliendo de mi vida y yo de la suya. Nunca me detuvo y nunca le aclaré que mis desplantes eran causados por el gran enamoramiento que me cegaba en ese entonces y me ponían bien loca, (suspiro) loco. Pero un día dije no más, hay nuevas cosas en tu vida, es tiempo de hacerla en grande, finalmente estas en la universidad que querías, por la que sacrificaste muchas cosas y no hay marcha atrás.
Hoy voy a cambiar
revisar bien mis maletas
y sacar mis sentimientos
y resentimientos todos
hacer limpieza al armario
borrar rencores de antaño
y angustias que hubo en mi mente
para no sufrir por cosas tan pequeñitas
dejar de ser niña...
para ser mujer.
Uno tiene momentos que hace o deja de hacer cosas porque algo en su interior lo dicta, así me pasó muchas veces en la universidad, me dejé guiar por la conveniencia claro, pero sin darme cuenta a veces mis decisiones dejaron de ser menos interesadas para dar pasó a la intuición y a la honestidad, sirvió mucho llegar a un mundo donde las drogas existen, los gays son de carne y hueso, y no sólo los hermanos de una adolescente loca en la serie televisiva juvenil del momento, sirvió mucho aferrarme a la gente correcta y que uno con más práctica aprende a alejarse de la gente “wannabe” conflictiva (tema para futuras confesiones, ya que hasta entre los perros hay razas ¿qué no?), y no hay nada peor que un “wannabe” que no se da cuenta que lo es y además le falta clase, de esos había muchos en mi generación.
Para entonces el cuaderno aquél donde escribí la nefasta pregunta (¿quién soy?) había agotado sus hojas y tenía apelmazados en mi recamara varios volúmenes de libretas que le prosiguieron, por otro lado, mi amigo de verdad, como ya mencioné en la confesión anterior, me reveló su verdad mas honesta, esa por la que todo ser humano empieza. Cuando lo escuché la reacción inmediata fue: yo nunca jamás de los nunca jamases. Agradecí la confianza y salí disparado a casa para desempolvar aquellas libretas y revisar los episodios de mi vida, el reciente caso del hombre perfecto, pero no solo ese, si no cada uno de los capítulos donde amigo caricaturista o delantero de la selección de futbol, hacían que se me fueran los pensamientos al terreno de los sueños mojados, harto húmedos.
Al “wannabe” lo programan bajo la convencionalidad más arraigada, yo debía casarme, tener familia, subir de nivel socioeconómico, “ser alguien” como decía la abuela. (suspiro) Y con esa realidad que chocaba contra mi, todo era proyectado directamente al caño, para mi fortuna la universidad había llegado, estábamos en él nivel exacto, donde aparecieron los personajes adecuados y dos de las experiencias que me cambiaron la vida.
Chiapas es un estado que tomó auge en el año que surge el movimiento “revolucionario” dirigido por el subcomandante Marcos, la Universidad La Salle tenía como parte de su pastoral un grupo que hacía trabajo misionero en aquellos lares, la casualidad trajo a mi generación a uno de tantos que por alguna razón aún sigo tratando, el señor amigo misionero me invitó a las juntas de preparación y fui recibido por una banda bien intencionada, sencilla, alivianada que nada tenía que ver con el “bluff” que ya había reconocido en cada rincón de mi alma mater y que obviamente como buen “wannabe” rechazaba porque me hacía recordar lo que yo era. Como dicen si te choca te checa y viceversa. Fue aire fresco encontrarme con gente enfundada en pantalones de manta, huarache y blusas de grecas bordadas y para que quede aún más claro la razón por la cuál no dudé en llevar este proyecto a cabo, fue la aparición de amigo misionero guapetón y que escuché por primera vez de amigo misionero fundador gay de carne y hueso. Además de varios personajes que poco a poco llegué a llamar hermanos.
Algo en mi interior me llevó a aquel lugar tan poderoso que me cambió la vida en un instante, por primera vez mi relación “wannabe” con las cosas me resultó real porque por primera vez me quité la máscara, respiré, me sentí realmente vivo, sin antifaz, bien recibido por mi calidad humana y no por lo que tenía o por lo que aparentaba ser, fue mágico resolver que hay ocasiones en que el “wannabismo” puede quedar de lado y la farsa sale sobrando, y eso pasa cuando se come frijol, se duerme en el suelo, se corta la milpa y se bebe agua de un pozo; cuando bailas mirando las estrellas al ritmo de marimba y escuchas a los ancianos contarte sus historias grandes y dolorosas; cuando el concepto comunidad es real como ya tantas cosas en tu vida y entiendes el dolor que genera tu despedida y entiendes que hay un mundo más grande que tu ombligo y que tu historia apenas comienza, porque fue en aquél lugar lejano, donde dejaste el disfraz colgado en casa y por primera vez la nefasta pregunta obtuvo respuesta en los labios de un niño tzetal de ocho años: “usted es misionero y hermano.”
El miedo es al regresar y digieres la pérdida, suspiras y tienes que volver a tomar el vestuario del suelo, es horrible cuando te hallas de nuevo en la ciudad, pero hay algo en ti que hace a tu “wannabismo” distinto a partir de ahora, porque se genera un inicio, un nacimiento pero antes de que eso ocurriera completamente tenía que haber primero una gran muerte, el niño tzeltal alejado de toda malicia había dado en el clavo a una parte de la respuesta que tanto había buscado, pero había otra parte que me generaba dudas, miedo, soledad y angustia que me había perseguido desde pequeño y que me había encargado de reprimir hasta que se presentó el segundo gran evento que me cambió la vida.
Centro Coyoacán fue el testigo de dicha nocturna, habíamos superado las conversaciones en el laboratorio de fotografía de la universidad, ya le había contado de mi viaje misionero y él me había invitado algunas micheladas cubanas para que le contará más, fue uno de los mejores días de mi jodida existencia, ya tenía el varo, familia acomodada, amigos de verdad, la universidad que quería, aire fresco de Chiapas y una parte de la respuesta a la pregunta que tanto me había hecho, no podía pedir más excepto mi primera muerte, necesaria para renacer completamente.
Aquél fin de semana posterior a la misión a Chiapas, algo en mi interior me había motivado a cancelar un viaje a Oaxaca con los de mi generación para la materia de Fotografía, me quedaría en la ciudad de incógnito porque mis padres no sabrían nada acerca de mi trampa. Hago un paréntesis para recordar que hasta entonces la dinámica de mis enamoramientos calenturientos habían sido con amigos “bugas” que obviamente no responderían a tal atracción, pero la casualidad lo trajo a él, como me encanta decir: casualidad que volvimos causa.
Coincidió entonces que él tampoco había viajado a Oaxaca y me invitaba a Coyoacán para escuchar más anécdotas de mi experiencia en aquél lugar de chía. Algo honesto encontró en mí, como mi primer amigo de verdad hace tiempo lo hiciera, él halló paz entre tanta mierda y se coló muy adentro porque al hablar de aquellas comunidades también me deshice del atuendo falso que toda mi vida he cargado, era yo, el verdadero, el que está más allá de sus miedos. Fue entonces que llegó el final de la nocturna, ni siquiera me había podido imaginar que algo había despertado cuando me dijo: “estoy muy contento de haberte conocido, pero a la vez estoy muy triste, feliz porque te conocí y triste porque pronto he de irme, regresar a mi país y me duele”. (suspirooooooote) Con esas palabras, al lado de Centro Coyoacán, “él” a.k.a. “primer amor amigo de intercambio”, me hacía el hombre más feliz del mundo, no me hacía falta nada más, pero con esa misma frase, yo no sabía, también había firmado mi primera sentencia de muerte. (Continuará...)
salir dentro de mi no ser solo corazón
dejar y parar fracasos
soltar los brazos y libertad que oprime mi razón
volar libre con todos mis defectos,
para poder rescatar mis derechos
y no cobrarle a la vida caminos y decisiones
hoy quiero y debo cambiar
dividirle al tiempo y sumarle al viento
todas las cosa que un día soñé conquistar
Porque soy mujer como cualquiera
con dudas y soluciones,
con defectos y virtudes
con amor y desamor
soy como gaviota
pero felina como una leona
tranquila y pacificadora
pero al mismo tiempo irreverente y revolucionaria
feliz e infeliz
realista y soñadora
sumisa por condición
más independiente por opinión
porque soy mujer,
con todas las incoherencias que nacen en mi
fuerte, sexo débil...
La leona dormida ha despertado varias veces en mi existencia, me he curado las heridas y me he muerto un par de veces, para surgir renovado, de las cenizas pues, como el ave fénix. Acostumbrado a los dramones y series para adolescentes, mi vida se coció como una telenovela mal hecha, de esas que aburren y le cambias, pero de pronto aparece un ingrediente que lo transforma y lo vuelve todo a una gama de colores, la “jodida” pregunta comienza a tener sentido y el mundo “wannabe” se me paraliza cuando llega la universidad y la vida supera cualquier ficción.
La cosa es la siguiente “El sufrimiento es el medio por el cual existimos, porque es el único gracias al cual tenemos conciencia de existir (…) quién vive sin sufrir no existe”, si se toma en cuenta que el sufrimiento lleva a la conciencia la sentencia resulta clara, pero no perdamos de vista que dichas aseveraciones vienen de un dramaturgo irlandés y homosexual, cuyos amantes le hicieron ver su suerte, era lógico que desarrollara esa particular cosmovisión ¿no?. Yo encerrado, en mi alcoba, dejaba que la “pinche” culpa y otros demonios hicieran estragos en mi cabecita viviendo ya en los inicios del siglo XXI, no quiero pensar como habrá sido para el señor Wilde en su tiempo, y es que las “chaquetas” mentales están a la orden del día cuando uno es “más sensible en su trato”, es decir, cuando uno es “jotito”.
No hay marcha atrás, la vida dispuesta está a cambiar por completo y no hay nada que puedas hacer sensato mas que dejarte llevar. Antes de los eventos más desgarradores hubo un pequeño espasmo que me mantenía cómo siempre confuso, en la preparatoria llegó el hombre perfecto, que me rescataba, cual princesa desahuciada, de mi soledad y confusión, el hombre que me resolvió con consejos “pendejos” lo que para mi era un pesar en el corazón que no me atrevía a llamar por su verdadero nombre: angustia, angustia que no me dejaba ser quien realmente era. Para acercarme a él, certero de que no sospechara la verdad, me hice de una novia particularmente de moral ligera (suspiro), que sabía desde antes me pondría olímpicamente el cuerno, y así ocurrió al mes de relación, y no pudo ser mejor, ya que presto corrí a los brazos de aquél hombre pidiendo consejo, consejo para un pobre desamparado al que le habían visto la cara de imbécil.
En el mundo del “wannabe” nada es dejado a la suerte y cada acción provoca una reacción congruente a lo que se espera, y así fue, los mejores días de preparatoria fueron esas nubladas tardes cuando me fugaba con hombre perfecto a los cafés o por cervezas y me sacaba una sonrisa o varias, mientras me otorgaba lo que para él era sabiduría viril: “Así son las viejas, usted es un chingón, échele ganas, hay más culos en el agua, perdón peces” Y yo de “babotas” aglutinando esas frases sin prestarles atención, solamente viendo sus labios perfectos, escuchando su voz perfecta, digiriendo su risa perfecta, hasta que el hechizo terminó, digo uno quiere causar lastima, pero no toda su vida va a actuar como un perdedor, y en ese instante pasaron dos cosas: Uno: hombre perfecto se consiguió una novia y dos: como ya mencioné, la universidad llegó con todo su drama incluido.
No es normal que un amigo cele a otro por la vieja, eso es historia de locas y “titeras”, así que poco a poquito con mi corazón hecho pedacitos vi como hombre perfecto fue saliendo de mi vida y yo de la suya. Nunca me detuvo y nunca le aclaré que mis desplantes eran causados por el gran enamoramiento que me cegaba en ese entonces y me ponían bien loca, (suspiro) loco. Pero un día dije no más, hay nuevas cosas en tu vida, es tiempo de hacerla en grande, finalmente estas en la universidad que querías, por la que sacrificaste muchas cosas y no hay marcha atrás.
Hoy voy a cambiar
revisar bien mis maletas
y sacar mis sentimientos
y resentimientos todos
hacer limpieza al armario
borrar rencores de antaño
y angustias que hubo en mi mente
para no sufrir por cosas tan pequeñitas
dejar de ser niña...
para ser mujer.
Uno tiene momentos que hace o deja de hacer cosas porque algo en su interior lo dicta, así me pasó muchas veces en la universidad, me dejé guiar por la conveniencia claro, pero sin darme cuenta a veces mis decisiones dejaron de ser menos interesadas para dar pasó a la intuición y a la honestidad, sirvió mucho llegar a un mundo donde las drogas existen, los gays son de carne y hueso, y no sólo los hermanos de una adolescente loca en la serie televisiva juvenil del momento, sirvió mucho aferrarme a la gente correcta y que uno con más práctica aprende a alejarse de la gente “wannabe” conflictiva (tema para futuras confesiones, ya que hasta entre los perros hay razas ¿qué no?), y no hay nada peor que un “wannabe” que no se da cuenta que lo es y además le falta clase, de esos había muchos en mi generación.
Para entonces el cuaderno aquél donde escribí la nefasta pregunta (¿quién soy?) había agotado sus hojas y tenía apelmazados en mi recamara varios volúmenes de libretas que le prosiguieron, por otro lado, mi amigo de verdad, como ya mencioné en la confesión anterior, me reveló su verdad mas honesta, esa por la que todo ser humano empieza. Cuando lo escuché la reacción inmediata fue: yo nunca jamás de los nunca jamases. Agradecí la confianza y salí disparado a casa para desempolvar aquellas libretas y revisar los episodios de mi vida, el reciente caso del hombre perfecto, pero no solo ese, si no cada uno de los capítulos donde amigo caricaturista o delantero de la selección de futbol, hacían que se me fueran los pensamientos al terreno de los sueños mojados, harto húmedos.
Al “wannabe” lo programan bajo la convencionalidad más arraigada, yo debía casarme, tener familia, subir de nivel socioeconómico, “ser alguien” como decía la abuela. (suspiro) Y con esa realidad que chocaba contra mi, todo era proyectado directamente al caño, para mi fortuna la universidad había llegado, estábamos en él nivel exacto, donde aparecieron los personajes adecuados y dos de las experiencias que me cambiaron la vida.
Chiapas es un estado que tomó auge en el año que surge el movimiento “revolucionario” dirigido por el subcomandante Marcos, la Universidad La Salle tenía como parte de su pastoral un grupo que hacía trabajo misionero en aquellos lares, la casualidad trajo a mi generación a uno de tantos que por alguna razón aún sigo tratando, el señor amigo misionero me invitó a las juntas de preparación y fui recibido por una banda bien intencionada, sencilla, alivianada que nada tenía que ver con el “bluff” que ya había reconocido en cada rincón de mi alma mater y que obviamente como buen “wannabe” rechazaba porque me hacía recordar lo que yo era. Como dicen si te choca te checa y viceversa. Fue aire fresco encontrarme con gente enfundada en pantalones de manta, huarache y blusas de grecas bordadas y para que quede aún más claro la razón por la cuál no dudé en llevar este proyecto a cabo, fue la aparición de amigo misionero guapetón y que escuché por primera vez de amigo misionero fundador gay de carne y hueso. Además de varios personajes que poco a poco llegué a llamar hermanos.
Algo en mi interior me llevó a aquel lugar tan poderoso que me cambió la vida en un instante, por primera vez mi relación “wannabe” con las cosas me resultó real porque por primera vez me quité la máscara, respiré, me sentí realmente vivo, sin antifaz, bien recibido por mi calidad humana y no por lo que tenía o por lo que aparentaba ser, fue mágico resolver que hay ocasiones en que el “wannabismo” puede quedar de lado y la farsa sale sobrando, y eso pasa cuando se come frijol, se duerme en el suelo, se corta la milpa y se bebe agua de un pozo; cuando bailas mirando las estrellas al ritmo de marimba y escuchas a los ancianos contarte sus historias grandes y dolorosas; cuando el concepto comunidad es real como ya tantas cosas en tu vida y entiendes el dolor que genera tu despedida y entiendes que hay un mundo más grande que tu ombligo y que tu historia apenas comienza, porque fue en aquél lugar lejano, donde dejaste el disfraz colgado en casa y por primera vez la nefasta pregunta obtuvo respuesta en los labios de un niño tzetal de ocho años: “usted es misionero y hermano.”
El miedo es al regresar y digieres la pérdida, suspiras y tienes que volver a tomar el vestuario del suelo, es horrible cuando te hallas de nuevo en la ciudad, pero hay algo en ti que hace a tu “wannabismo” distinto a partir de ahora, porque se genera un inicio, un nacimiento pero antes de que eso ocurriera completamente tenía que haber primero una gran muerte, el niño tzeltal alejado de toda malicia había dado en el clavo a una parte de la respuesta que tanto había buscado, pero había otra parte que me generaba dudas, miedo, soledad y angustia que me había perseguido desde pequeño y que me había encargado de reprimir hasta que se presentó el segundo gran evento que me cambió la vida.
Centro Coyoacán fue el testigo de dicha nocturna, habíamos superado las conversaciones en el laboratorio de fotografía de la universidad, ya le había contado de mi viaje misionero y él me había invitado algunas micheladas cubanas para que le contará más, fue uno de los mejores días de mi jodida existencia, ya tenía el varo, familia acomodada, amigos de verdad, la universidad que quería, aire fresco de Chiapas y una parte de la respuesta a la pregunta que tanto me había hecho, no podía pedir más excepto mi primera muerte, necesaria para renacer completamente.
Aquél fin de semana posterior a la misión a Chiapas, algo en mi interior me había motivado a cancelar un viaje a Oaxaca con los de mi generación para la materia de Fotografía, me quedaría en la ciudad de incógnito porque mis padres no sabrían nada acerca de mi trampa. Hago un paréntesis para recordar que hasta entonces la dinámica de mis enamoramientos calenturientos habían sido con amigos “bugas” que obviamente no responderían a tal atracción, pero la casualidad lo trajo a él, como me encanta decir: casualidad que volvimos causa.
Coincidió entonces que él tampoco había viajado a Oaxaca y me invitaba a Coyoacán para escuchar más anécdotas de mi experiencia en aquél lugar de chía. Algo honesto encontró en mí, como mi primer amigo de verdad hace tiempo lo hiciera, él halló paz entre tanta mierda y se coló muy adentro porque al hablar de aquellas comunidades también me deshice del atuendo falso que toda mi vida he cargado, era yo, el verdadero, el que está más allá de sus miedos. Fue entonces que llegó el final de la nocturna, ni siquiera me había podido imaginar que algo había despertado cuando me dijo: “estoy muy contento de haberte conocido, pero a la vez estoy muy triste, feliz porque te conocí y triste porque pronto he de irme, regresar a mi país y me duele”. (suspirooooooote) Con esas palabras, al lado de Centro Coyoacán, “él” a.k.a. “primer amor amigo de intercambio”, me hacía el hombre más feliz del mundo, no me hacía falta nada más, pero con esa misma frase, yo no sabía, también había firmado mi primera sentencia de muerte. (Continuará...)
Obra: Bacon
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