22.1.09

Confesión 7: “My fucking world so wannabe” P.5


Esto no es una historia de amor, como ya he dicho, el amor es solo parte de ella, sin embargo uno piensa que lo es, hasta que se enamora y pierde, o hace que la derrota nazca, me explico, uno busca su final feliz cuando encuentra a la pareja ideal y se entrega, cuando realmente se enamora, se siente atraído, completo, pleno, pero si la cosa sale bien entenderá que la pareja es sólo un medio, y pronto nacerán más dudas, preguntas existenciales que no se llenan gracias a la otra persona, uno entiende que no le faltaba su otra mitad, ni que fuera la vida un puesto de naranjas, así que de la nada se siente una cosquilla helada que busca libertad en todo sentido y que el compromiso convencional no entrega, frustra, daña, aprieta y asfixia. Uno puede ser libre en pareja, claro que sí, todo acto de amor es libre y viceversa, pero para un wey que renuncia a lo convencional, al que la fidelidad le es un concepto extraño (basta ver su historia de familia), que escuchó a Yuri, Ana Gabriel y Pimpinela en su infancia, para un "wey" así, el vivieron felices para siempre no aplica.

Me enamoré y me correspondieron por primera vez a mis desabridos dieciocho años, se dio con un ser tan libre que me rompió el corazón al no tener yo clara la sentencia con la que empieza esta confesión. Y es que mi primer amor amigo de intercambio de tan libre pasó, me enseñó de música, de drogas, de sexo y se fue; o más bien yo de tan ingenuo y egoísta creí que por mi cambiaría el rumbo de su vida y se quedaría. Fue irrepetible y fue sublime, morir de depresión un mañana fría en el corazón de Coyoacán recordando aquella noche en la que se enamoró de mi, llorar en silencio porque ni tu mejor amiga o amigo sospecha que en el fondo no es calentura la que te llevó a los brazos de un hombre, fue la atracción, tu historia, tus sentimientos.

Guardar el secreto para no poner en tela de juicio tu virilidad, ser más “wannabe” que nunca fue lo que ocurrió a la partida de primer amor amigo de intercambio. A su lado fueron muchas primeras veces, mi primer beso de amor enserio, mi primer faje con ganas, mi primera tacha, mi primer “rave”, mi primer disco de Radiohead, y aunque suene a chantaje para cortejar a una mujer ingenua, con él fue la primera vez que no fue sólo sexo, por primera vez hice el amor, en el proceso conocí las ventajas de la bisexualidad, pero la llamada del cuerpo y de la historia que hay detrás, me llevaron a un desenlace diseñado a mi medida.

Su partida como era de esperarse colapsó de nuevo mi vida, la llenó de muchas dudas, pero al final esa primera muerte y gracias a ella logré dar tremendo avance a mi primer gran inicio. Pasado el tiempo amigo misionero, amigo misionero guapetón, amigo misionero fundador gay de carne y hueso, mi amigo de verdad y todas mis amigas “bitches” universitarias fueron objeto de mi confesión oportuna, así como mi madre a la que le derrumbé la imagen que se había creado de mi destino. Etiquetarme para sobrevivir ha sido uno de los procesos más tediosos de mi vida, pero a la vez la respuesta a la nefasta pregunta se convertía en un enunciado más largo, lo que me hacía menos complicados los días.

Ante la paradoja que ahora se me presentaba tenía que ser más inteligente para sobrellevarla, por un lado era más honesto conmigo mismo, por otro me había puesto una etiqueta que me mandaba directamente al mundo más “wannabe” que existe, el mundo homosexual dela ciudad más grande del planeta, el mundo de la superficialidad, el sexo casual, el consumismo vacío y el de las carencias afectivas más arraigadas. El mundo “gay”. Y más etiquetas se cruzaron en mi vida: “de amibiente”, “chacal”, “closétero”, “pasivo”, “positivo”, “vestida”, “buga” y un largo etcétera.

Los años pasaron pronto, uno envejece más porque vive rápido, se hace de más amigos con los que comparte grandes aventuras, podría enlistar muchas, pero si queremos llegar al meollo del asunto hay que cortarle el camino. Mi mundo tan “wannabe” se volvió menos carga, ya no fingía tanto, grandes personas hicieron su aparición y descubrieron que a pesar de mi etiqueta esta se superaba con facilidad, amigos de verdad, padres que me apoyaron, se vinieron con todo lo que necesitaba, un trabajo en el área que estudié y un buen puesto antes de terminar la carrera, lo único que en ese entonces añoraba llegó y fue así que mi gran final feliz se hizo presente.

Estar con alguien en serio, es muy distinto a estar con alguien cuando no te queda de otra, estar con alguien que no se va y al contrario se queda, es muy distinto que cualquier enamoramiento calenturiento, cuando conocí a mi amigo primer pareja supe de sólo ver sus ojos que terminaríamos así, juntos, juntitos y creciendo, lo vi venir en un segundo y así fue, luego de un tormentoso drama de un año, mi graduación universitaria llegó junto a él en una caja de regalo más grande de lo que se puede soportar y es cuando descubres que para un “wannabe” de mi clase, ningún wey es lo suficientemente bueno para soportar el tornado que ocasionaban mis miedos, mis dudas y mis desplantes, Yuri, Ana Gabriel y Pimpinela me susurraban en las noches y me exigían drama para condimentar mis días. Wilde y sus sentencias se habían arraigado en el fondo más oscuro de mi inmadurez y desafié mi libertad y le di la vuelta, me corrompí de control sobre amigo primer pareja y descubrí que la maldición fue terminar con alguien mas “wannabe” que yo, mayor, es decir con más experiencia.

Uno que es orgulloso no puede quedarse atrás y compite y busca y lucha y quiere más, por ser la primera vez los sentimientos te agarran mal parado y pierdes dimensión y te aferras a una idea falsa de la relación en pareja, a la par hay una voz que te pide a gritos ser libre escapar de toda esa “mierda” de la cual ya eres esclavo y en nada ayuda que el amor que se siente sea proporcional al odio con el que la relación se fractura. Un año y medio de perfección armoniosa se fueron abajo por aquellas afirmaciones que me convencí cantar algún día a todo pulmón.
Sé como duele comprender
como duele sonreír
el amor es algo así
yo lo sé, yo lo viví
te duele hasta morir
y nada puedes hacer


Lo necesitaba, lo pedía a gritos y a la fecha sigo sin saber que me motivaba más, la libertad o el drama; pero quería sufrir, de eso no había duda. Se terminó la relación, esta vez a diferencia de la primera, fue un suicidio con soga al cuello que coloqué con clase y distinción, amigo primer pareja se encargó de jalarle duro, hasta que me asfixió y quedé morado tieso, abandoné mi cuerpo y a los veinticuatro años utilicé tal justificación para lo que vino después, más drogas, más morado, más alcohol, más música distorsionada, más sexo, más “putería”, muchos “pendejos”, pero eso sí, pocas ilusiones, pagaron justos por pecadores, el mundo me debía una al diseñarme “así” y me la cobraría con intereses, pero cómo es la vida tan curiosa que en el momento de más vulnerabilidad, hay quién se brinca todo el odio y se va directo a tus entrañas, encuentra un grado de empatía y se hace parte de tu vida adulta, gracias a esas nuevas personas, dos para ser exacto (mi fuerza "mejor amigo ahora en Canadá", y mi fortuna "mejor amigo ahora en Toluca"), pero aún más gracias a que tomas conciencia, tocas fondo pues, es que conoces la palabra madurez y empiezas por tomarte menos enserio los problemas, dejas de buscar culpables, dejas de odiar tu historia, lo que eres y dejas de temerle a lo que serás.

Llegar al cuarto de siglo se convirtió entonces en enfrentarme ante una realidad suprema, que te rebasa y te supera, la cima de la montaña que tanto trabajo te costó escalar se vuelve el punto máximo al que has llegado y frente a ti hay una infinita gama de posibilidades, la del rencor, la de la ignorancia, la de la oscuridad, la de la soledad, la de ir para atrás o quedarte por siempre mirando el paisaje (suspiro). Después de mi segunda muerte y luego de un trágico proceso, cesé de buscar y entendí que no había nada mal en mí, la teología me ayudo a entender mi responsabilidad en mi drama y a partir de ahora no más culpa, entendí que el “wannabismo” no era un ancla, que no era una horrible persona y que sólo no estaba listo, como dijo Buffy: era masa de galletas sin hornear. (tenia que meter a mi amada Buffy The Vampire Slayer en algún lado.)

Uno se imagina que una vida sin “wannabismo”, que rescate al ser auténtico es el final feliz de una historia como ésta, luego de la muerte uno entiende que la búsqueda va más allá que cualquier convencionalidad impuesta, acierto que cuando te matan y te mueres dejas de tenerle miedo a la vida y así, a través de práctica, empiezas a vivir en serio. Las experiencias acumuladas dolorosas, de angustia se sueltan, dejas de buscar, preparas el verdadero inicio, y el terreno, que es tu alma, solito se va alistando para recibir, te frustras menos, disfrutas más. Evalúas tu historia y entiendes que la gente no cambia, ni siquiera uno mismo, uno modera, controla, aprende a usar sus herramientas y saca provecho de sus defectos. Olvidas la “pinche” culpa, te haces responsable de tu existencia, de toda ella. Dios deja de ser omnipotente, Dios es ahora impotente y nada puede hacer por este mundo que se esta convirtiendo en “mierda” así que despiertas.

Sentí una lágrima en el filo de mis párpados la noche que llegué a aquél lugar. Ubicado en la Calle de Cuba el Marrakech es una cantina que rescata de México lo popular, lo vuelve diseño y luego de tanta angustia fue ahí donde sentí un poco de libertad, entre el alcohol, la compañía y las drogas, se me vino mi jodido mundo tan “wannabe” ante mis ojos, cada muerte, cada causa, cada ilusión, cada hipocresía, cada lugar, cada amigo, cada decepción, todo plan y todo origen, finalmente sentí el presente, resultado de cada decisión del “antes” y potencia de cada sueño para el “después”, cerré los ojos, me dejé llevar y canté la música con la que mi madre me despertaba, con la que difícilmente abría lo ojos y aceptaba mi realidad modesta...
Hoy que no quieres saber más de mí
hoy que me toca perder
voy a engañarme a mi misma
y gritar al espejo que ya te olvidé

Y ya no en voz baja, a todo pulmón, con todas mis fuerzas cantaba, y me conmovía de veras no ser el único, me rodeaban hombres vestidos de mujer, músicos que no estudiaron arte, pretenciosos con ganas de formar escuela, identidades homogéneas unidas gracias al anzuelo de una supuesta originalidad, vástagos del placer instantáneo y de la neuronas calcinadas por la hierba, la coca, las tachas y los ácidos; fui feliz, no era el único que conocía las baladas ochenteras que repetía cual rezos camino a la escuela.

Esclavo de una ilusión que pensaba que ser auténtico era el final feliz en esta Tierra, descubrí que ese tampoco era el problema, hace poco regresé a ese lugar, el Marrakech, y me encontré con un rito que no merecía ser válido, aquella zona que antes era la más auténtica esteba corrompida por el “wannabismo” en su más pura presentación: la “pose”, la “mala cara”, “el feo” de aquellos que antes atascaban el living, lipstick, blackaout y clones. Victima de la tendencia, la moda, el lugar que tanta libertad me había contagiado, atascado y por gente que no disfrutaba el momento, terminó por hacer validas las nuevas sentencias.

Sin duda la nueva temporada había dado inicio y antes de sentir frustración o pena al ver ese lugar colapsarse, suspiré aliviado, recordé que mi mundo tan “wannabe” como el de todos ellos lo ha sido en la medida en que la religión, la cultura, la educación, los mass media, los íconos, la familia, los falsos Budas; han permitido que sea, falsa, hipócrita, frustrada, soberbia. Para mi fortuna puedo mandar al carajo todo eso, y sin desprecio, al contrario, con la fe bien puesta en que cualquier persona es capaz de ser libre y también renunciar a ello, por mi parte he amado en serio y me he dejado amar, he reído con ganas, he cultivado amistades, conocí el cielo en la tierra, llevo una excelente relación con quienes comparten mi sangre, y lo más importante: me he muerto, factores que me hacen comprender que todo esto es al final un juego, y quienes lo entiendan perderán menos el tiempo.

Hoy miro esa pregunta que por “pendejo” me hice a los 16 años y entiendo: ¿Quién soy?, y sí, soy hermano, misionero, o.k., soy “joto”, “maricón”, homosexual, “puto”, como gusten llamarle, finalmente lo acepto, pero también soy hijo, adicto, amigo; soy empleado, realizador, licenciado en comunicación; soy “chorero”, soy cínico y a veces soñador, por lo mismo incongruente y humano, pero por la mejor de las suertes soy un “wannabe” un “snob” de paso, en mi vida hay mucho “bluff” y aceptarlo me hace más fácil vivir, no soy bueno, no soy malo, eso es circunstancial, no creo en principios, porque ya dijo Honoré de Balzac, no existen, lo único que existen son los hechos y busco comprometerme con ellos; soy tan “wannabe” como el mundo en decadencia en el que vivo me ha programado y eso me deja ver más allá que cualquiera que se niega a serlo, o no quiere ver que ya lo es. (suspiro) Incluso Wilde explotó con maestría su fama de insolente y arrogante, así que este soy yo y este es mi mundo, un mundo que ,como dijo el danés Kierkegaard, “quiere que lo engañen” y yo como buen “wannabe” siempre he estado listo para hacerlo, ahora sin culpa, con el corazón restaurado y cosido, sin dudas, haré de este proceso algo para divertirme, para divertirme harto.
Obra: LaChapelle

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