
En la tierra de LaChapelle hay mucho color, hay humor, hay sudor y mucha “joteria”, hay mucha corrupción y arte y prostitución y se mezclan y se mezclan con fama y glamour, moda, música, mucha pose, muchas cosas. En el mundo de LaChapelle me acompañaría un transexual en bata de baño a todos lados y compartiríamos “coca” para soportar un foro universitario. En el universo de LaChapelle el whisky y las bebidas multicolor abundan y la realidad se burla en tus narices cuando se es “rockstar” y se ha decidido escupirle en la cara al “star system” que te rodea. En la tierra de LaChapelle el arte se prostituye denominando ahora a ese viejo oficio de vender el cuerpo bajo el termino de patrocinio, el “sponsor”, la marca pues, y el “bluff” y el “seudoglamour” se escurre por todos lados, como en aquel fashion week en decadencia, alfombra roja solitaria, recorrido por la exposición donde todos hablan y todos escuchan menos el que expone su obra, si hasta esta niña Zemmoa hizo acto de presencia, ya se imaginaran de que se trato el asunto. No conseguí autógrafo, no pude posar con él, pero que cada uno de los eventos de esta semana donde la rutina fue rota hayan desembocado en tenerlo cerca, me es más redituable al escuchar sus sentencias y analizar con más profundidad una obra que mucho tiempo observé como algo bello, bien producido, original y “creativo” (aceptémoslo ¿qué hay realmente creativo en estos días? mi lista es muy escasa por eso esta entre comillas), de un colega a otro, comunicadores ambos pues le admiro. Hoy llega LaChapelle a mi vida y también su tierra, así como la he descrito al inicio, David es ya todo un artista, pop, pero artista, y llega entonando un himno que me hace más fácil emborracharme, drogarme y coger como un loco, el tiempo decidirá si tome una decisión certera al escuchar el mensaje, por el momento me siento algo más libre y poderoso, las razones muchas y obvias. Al tercer día de LaChapelle tome mis cosas y salí por puerta grande sin dejar que terminara, acto seguido: disfruté a mis viejos amigos de la universidad que no veía en un rato, me divertí con aquél que me conoce de hace tanto tiempo y es también con el que comparto las mejores “danzoterapias” y bailamos como “pinches” locos desquiciados. Luego construí a detalle cada toma que le pedí al camarógrafo para el programa de la siguiente semana, a medio día le marqué a mi madre para saber como estaban allá en casa y le dije muchas veces cuanto los quiero, más tarde olvidé mi invitación a la fiesta de XX Lager (obviamente el “gol” de la marca) y mejor disfruté esa charla larga y el sexo con ese hombre mayor que no veo seguido pero como es intenso cuando pasa (tanto la charla como el sexo). Por la noche que me alcanzó de nuevo, celebré con harto cariño el cumpleaños de aquella que llamo esposa, después cené y reí mucho con mi mejor amiga y su wey, aunque a esas alturas ya estaba como en cámara lenta. Al final suspiré profundo por ese que no se deja ver por los ensayos, pero que quiero tanto, y sonrío cuando abro el mail que me mandó hace una semana con el titulo: “Lucy of Lamermoor (es que es de Escocia)”y que firma con una frase de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”; si no viera razón para decir que de morir ahora moriría tan feliz, de verdad sería un “pendejo.” En la tierra de LaChapelle, la fama y el glamour son parte de un juego y me resultó claro percibir como a un hombre que puede incluso romper el orden del “Star system”, lo envuelve un alo de celebridad que en ocasiones es obvio le molesta, talvez no hubo autógrafo pero me quedo con una sonrisa suya y un intercambio de miradas a mitad de la calle en plena zona rosa después de una rica “peda”, y así abandono su tierra para volver a la mía. Porque hasta para un "wannabe" tanto "wannabismo" también cansa.
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