
Hay cuatro cosas de las que padezco: Wannabismo, tendencia al drama, soberbia crónica y adicción al sexo. Soy de personalidad compulsiva, de esos atascados que no se frenan y no piensan en el día después. Soy de moral ligera, pruebo de todo, no me reprimo y me siento bien. Soy pesimista, algo amargado, más egoísta, un bruto entero y lo cínico me sale más. Tambaleando con un disfraz, moribundo ahogando al verdadero ser, he sacado provecho de esas piezas malditas y les he dado su justo lugar, porque ocultarlas ha sido un deporte que ya no me basta más. Ha sido un gran momento, un fin de semana lleno de realidad, de esa que daña, y que debía a aparecer congruente a mi tendencia autodestructiva a mi vena dramática que hace más grande cualquier cosa de la cotidianidad. Mirar desde fuera me hace reír honesto, feliz, completo, absurdo. Cada reclamo, cada discurso contra la injusticia, cada dosis de veneno es soltado así al aventón pero nunca al azar siempre con vida propia. He mentido, he manipulado, he juzgado y he sido juzgado, he cogido y con ello he recogido brutales experiencias. La primera sexual me vino chavo, muy chavo, obviamente homosexual, y de ahí el intento poco placentero con niñas me salió mal y me puso mal, hasta la universidad y de ahí pa'l real, unirme a otro cuerpo, entregarme aunque sea por una hora y después no saber más, vaciarme y marcar por siempre un terreno nuevo, ardiente que también se vacia en mí, me infla el autoestima, me complace en el instante y después ni una sola llamada, ni un solitario saludo en la pantalla del computador, pasar a lo que sigue y continuar. Ordinario así como me miro, me he ganado respeto admiración y cariño, en estos días reconozco que tal vez no merezca tanto de lo que tengo, pero está y con esas herramientas me muevo. Hay cuatro cosas de las que padezco, mismas que me han hecho mentir, evadir, robar, dañar, inventar, jugar, siento crecer el cáncer, siento como me invade, la mayor lucha acaba de empezar, contra mi soberbia, la batalla más grande, la que trae más bajas humanas, desgastes sentimentales, apatía emocional y entre tanto ruido, siento una paz al abrir la botella con un mensaje nuevo: el primer borrador del guión que se ha escrito para el final de estos días. Canadá, semana de ejercicios espirituales, proyectos frustrados o simplemente ignorados por los que más comprometidos creí estarían, eso y más son tramas que podremos seguir muy pronto, pero siguen siendo posibilidades al final ¿qué es real?: tal vez es el golpe imprevisto contra otro auto que nos regresa también de golpe la conciencia de nuestra vulnerabilidad, es acaso el año de vida que se cumple rodeado de amigos nuevos, hermanos viejos y alguien que te ama desde su forma muy particular, es tal vez real aquel amor tan grande que te permite ser fuerte ante la adversidad, es volver a ver grandes amigos y dejar pasar las horas entre conversación y risas, es real esta soledad que duele tanto y que te hace ser incongruente con tus propias sentencias, mentir, fingir, engañar; es real mirarte solo y suspirar y agradecer; claro que todo eso es real, en el instante que ocurre, después se va, y hoy no es más que la confesión absurda, de un wey pendejo que no sabe nada de lo que vendrá, un wey que para colmo padece de cuatro cosas: Wannabismo, tendencia al drama, soberbia crónica y adicción al sexo. Basta, no lágrimas, ni una sola, “ Is time for the big guns”.
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