23.2.09

25.13 DE VUELTA AL PLAN AUSTERO


El plan austero es dejar de lado todas estas marañas y patrañas que invaden tu cabeza, es cerrarle el hocico a esos demonios con una sonrisa, un beso y una tarde nublada en el centro con esa persona especial que te engalana los días con arte, anécdotas y simpleza, simpleza y sencillez honesta, como de niño grande que me abraza sin miedo por las calles de esta ciudad enorme. El plan austero es decir adiós a aquellos planes cancelados y dar la bienvenida a otros nuevos que sin querer llegan, es consentirte una noche de sábado y hablar con uno mismo, como hace mucho no lo habías logrado hacer, es dejar que Keith Jarret te dicte los pasos correctos para una velada excelente llena de creación literaria, videos de análisis tendenciosos y novela contemporánea que se digiere como un fancín populachero. El plan austero es resolver las crisis existenciales con la cálida sensación de un simple hola y de un “abrázame” que se responde con un honesto: “toda la vida”. El plan austero es soñar de nuevo, reunir a todos los que te han conocido a lo largo de tu historia en una casona victoriana, con una iglesia enfrente donde te ves convivir a medias pero honestamente con los que saben como eres, como fuiste y como serás. El plan austero es cuidar gastos y desfalcos, ponerle freno, evitarlos, tanto económicos, como emocionales, no desperdiciar ni una gota de energía física, no darle vueltas y desperdiciar el tiempo. Es soñar de nuevo con él, con sus ojos, con su olor y que te tome desprevenido dicha sensación nostálgica, de nuevo el triángulo toma forma y a la distancia él, él que se apareció en mi sueño para entender que es él al que más he amado, lejano allá en Canadá, en el plan más austero recibe un correo donde le aclaro que amor al final es total libertad, no me queda duda, amor es total ligereza, ligereza y austeridad.

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