
Es tibio el “gel” recorriendo esa parte de mi cuerpo, incoloro, sin olor, sin vida; es frío el consultorio, las paredes y los aparatos a mi alrededor que son complejos; es caliente la sangre que obtienen de mi brazo izquierdo después de haberme perforado el derecho sin éxito. No me gustan los hospitales, odio las agujas y me resulta estresante eso de sacarte líquido rojo del cuerpo, revivo mi última cirugía y me da pavor regresar a todo eso, pero si es cierto lo que platico con mis padres algunos días después mientras comemos, hay que recordar que en cualquier reconstrucción total, hay que mirar primero al cuerpo. Cárcel de mi alma, herramienta de uso rudo, mi cuerpo es lo más poderoso y a la vez lo más frágil que tengo y luego de desveladas continuas, químicos de las más insospechadas procedencias recorriéndolo, colesterol alto, humo verde inflando mis pulmones y alcohol de toda clase aniquilando neuronas, llega pues el momento de poner un alto y descubrir cuantos daños ha sufrido el cuerpo, mi cuerpo. Un día de pronto se volvió una constante ese dolor en la pierna derecha que me recordó con tristeza y pánico a ese gran compañero de la carrera que falleció hace casi un par de años, despacito esos espasmos poco agradables se fueron instalando y me preocupaban las noches y algunos días, tuve sueños apocalípticos y mis fantasma aparecieron, como si me invitaran a despedirme de mi cuerpo, decidí en este punto más congruente dejar de preocuparme y sin preocupar a nadie más, pues ocuparme del asunto, aunque eso implicara revivir aquella cirugía, sentir calor, sentir lo tibio y sentir frío. Es curioso que en estos agitados días, dos grandes amigos hayan acudido al “pase usted” de este mes y el tema fuera: salud. Es curioso que estos agitados días hayan sido de total calma al lado de aquel músico que tanto me ha tranquilizado el alma histérica. Es curioso que mi trabajo me desespera en cuanto más me fascina. Es curioso tener esas charlas con mis padres y saber que los motivo a seguir existiendo. Es curioso tener fragmentos de la filosofía de Nietzsche como buenos consejeros ante las dificultades justo en este momento. Es curioso que los resultados de todos aquellos exámenes médico hayan sido favorables, pero de lo único que no me salvarán es de una nueva cirugía, pero sabiendo que aquel punto negro no es ningún punto maligno puedo respirar tranquilo y ocuparme de los preparativos, mandar aquel mail a ese nuevo gran amigo y enamorarme, de él, de la vida y de esto que es seguir existiendo.
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