19.3.09

25.18 UN DÍA CUALQUIERA


Un día cualquiera pasas de la angustia a la respuesta y un día cualquiera valoras como nunca las cosas sencillas de la vida. Un día cualquiera dejas a un lado el estrés que viene de esa arraigada neurosis por encontrar el final feliz y la existencia perfecta. Un día cualquiera entiendes que el camino fue difícil y que toda etapa tiene un final y que es un nuevo inicio, así que el camino sigue, ni modo, así de difícil como ha sido y es. Un día cualquiera captas que has descuidado la ruta y que es momento de volver al plan original. Un día cualquiera te tomas los “huevos” y te enfrentas a una nefasta realidad que no coopera. Un día cualquiera perdonas a quién jaló el gatillo y liberó la bala que te mató hace tanto tiempo ya, más importante reconoces que el autor intelectual del crimen fuiste tu mismo, así que te perdonas también. Un día cualquiera reaccionas y decides que es momento de partir, pero para lograrlo hay que volver de nuevo al inicio, ya no hay tiempo que perder. Un día cualquiera observas detenidamente la imagen y descubres que todo está en el lugar correcto y "contradictoriamente" cumple por completo con lo que soñaste alguna vez. Un día cualquiera recuperas a tus mejores amigos y les besas la mejilla con la esperanza de que por siempre se quede el pacto correcto, ese que ha marcado sus vidas para siempre. Un día cualquiera reaparecen esos hombres que también son tus hermanos, pero que amas diferente y en secreto, porque sabes también que un día cualquiera retomaran la historia que se quedó pendiente. Un día cualquiera te descubres feliz, enamorado y entero, amado y jodidamente imperfecto, pero satisfecho y acompañado, así un día cualquiera te agradeces por haber logrado eso, agradeces a ti y a nadie más. Un día cualquiera tu prioridad es tu vocación y sugieres que hay una nueva meta, hay varias metas que alcanzar. Un día cualquiera desaparece el insomnio y lo sustituyes con dicha, reflexionas y descubres que no te va a dominar. Un día cualquiera no necesitas nada más que mirar un nuevo hogar, valorar a los amigos, disfrutar el alimento, saborear lo que llamamos arte, digerir las reflexiones y avanzar. Un día cualquiera le entregas con total confianza tu corazón a aquél que últimamente te ha acompañado tanto, tanto que se ha metido poco a poquito en los rincones mas oscuros, y sin miedo, sigue en pie disfrutando del paisaje que puede encontrar en el alma y en el cuerpo. Un día cualquiera te cansas de la farsa y cuelgas el disfraz, dejas de temerle a quedarte solo, porque solo siempre estas y así también solita llega la claridad a la existencia, un día cualquiera, por motivos que para nada son cualquiera, sino la prueba palpable de que estos 25 años de tanto caminar, también rindieron frutos y uno los tiene que cosechar y sufrir y disfrutar.

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