Antes una pequeña historia: Era una vez un “esnob” de paso, un “wannabe” que creció con unos velos neuróticos bien arraigados, tanto que al llegar adulto decidió que era homosexual, que le interesaba la comunicación y de tan sensible supo que tenía inquietud por el arte, ese “esnob” tuvo un choque fuerte con su realidad cuando finalmente se animó a hacer trabajo social en las comunidades indígenas de Chiapas, entendió que el mundo era más grande que las cuatro paredes de su habitación, entendió porque hay que mandar obedeciendo y porque la naturaleza es sagrada. Era una vez un “esnob” de paso que en un momento ya se había hecho de los velos neuróticos de los demás, de su primer pareja, de sus padres, de sus amigos. El arte siempre quedó en su lugar y siempre se cuestionó por qué está ligado tan fuerte con la humanidad. Este era un wey que se creyó ser todo menos lo que realmente era, y cuando reconoció lo que realmente es, se encontró pleno, bendecido, con una buena familia, grandes hermanos, la excelente compañía y cariño de un hermoso músico, trabajo, una carrera, libertad de pensamiento, de fe, de creencias y sin sentir vergüenza se religa a una acción concreta, a un proyecto más formal. A los 25 años conoce al filosofo Arthur Schopenhauer, más bien conoce sus sentencias, y suspira aliviado, piensa: “claro que no vine a ser feliz”, y muchos velos neuróticos desparecen, surgen otros, pero se responde: ya soy comunicólogo y le tengo especial cariño a los teóricos del arte, claro que no vine al mundo a ser feliz, vine a algo más. Como si no fuera suficiente a su vida, en el nivel dos de sus 25, llega Kierkegaard y en su libro Temor y Temblor le susurra algo que también se cree: “Tengo que hallar una verdad para mí, encontrar esa idea por la que quiero vivir y morir”, fue cuando miró su realidad, se reconcilió con su fe primera, dejó unos velos, tomó otros y así continuó existiendo. Tan observador como la realidad lo permitiera, tan protagonista como finalmente logró ser. Confiando en la reconciliación con esos velos neuróticos para originar cambios verdaderos. No le ayuda mucho al “esnob” lo que ocurre en esta semana, no le ayuda nada. Empieza con una comedia romántica protagonizada por grandes estrellas holliwoodenses, hecho que la liga directamente a la “masa”, “ He´s Just Not That Into You” explota como materia prima el vacío humano que nos mantiene en distracción para no generar respuestas, la necesidad enferma de encontrar afuera lo que no me siento capaz de tener por dentro, nos condena a vivir un círculo vicioso donde solo se obtiene un intercambio de traumas, proyecciones, carencias y heridas de un ser humano traumado, enfermo, a otro, no hay reflexión clara, no hay nada, el mensaje es vacío, carente de sentido, basado en una novela que levanta velos neuróticos a quienes acceden a ella. El “esnob” de paso suspira, ya que se le colocó en la zona donde mandamos a los placeres culpables, no la odió como quisiera, el rostro de las dos Jennifers en pantalla (Conelly y Aniston), su diosa Scarlett Johansson, la presencia de Ben Affleck y Bradley Cooper, con su respectivo atractivo, lo habían condenado a disfrutar lo que se proyectaba en pantalla, la mercadotecnia tenía el efecto deseado, su vida hallaba en aquellos referentes inmediatos una especie de catarsis al contemplar la corrupción de la mente inquieta a través de este producto de pésima calidad. Y eso nunca es bueno, no es congruente con el camino andado. (Continuará.)

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