
Por la nocturna del jueves 23 de abril, las autoridades federales anunciaban un cambio drástico en la monotonía de los ciudadanos. La existencia de un virus que ocasionaba la mal nombrada “influenza porcina” fue revelada a los ojos atónitos de una sociedad de por si ya caótica y mal informada, los pocos datos “concretos” se esparcieron como pólvora y la ciudad se convirtió en un eco surrealista de aquellas patrañas que nos han contado las ficciones cinematográficas y televisivas. Al mismo tiempo un virus me invadió de paso ante la confesión más honesta de la persona que estoy aprendiendo a querer y también se sembraron patrañas en mi cabeza. Me escapo a San Miguel de Allende y me dejo de voces y cuestionamientos internos, me divierto y lo disfruto, la paso excelente y conozco gente nueva, pues al final como un dejavú recibo la respuesta concreta, no vale la pena generar más caos dentro del caos, tan sencillo como dejar que el virus te infecte, así el cuerpo genera los anticuerpos y después... pues sigues ¿qué más?.
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