
Hace dos años salí de el hogar de mis padres para llegar a la calle de José Morán ubicada en la delegación Miguel Hidalgo y comenzar una vida nueva acompañado de un gran amigo de hace tiempo, quien en una corta temporada pasó a ser mi familia más cercana. Un año después cambiamos de residencia y dejamos atrás lo que a causa de todos los enredos amorosos, pachecas, pedas y acostones, mal-nombramos “J.M. 90210”. Este fin de semana la familia crece de nuevo y arriba al departamento quien conociera en el diluvio de personajes que llegaron a mi vida cuando terminé mi relación más larga. Hermanito antes en Mérida, luego D.F. luego Toluca, regresa a la Ciudad de México para trabajar en su área y nos pone a un comunicólogo, a un arquitecto y a un diseñador gráfico a convivir bajo el mismo techo, antes de que el primero, yo, el que escribe tanta “mamada” en este blog, parta al final de esta temporada. Las reglas se han puesto sobre la mesa, pizza, una botella de vino chileno y un juego de llaves fueron el regalo de bienvenida, cuando nos quedamos solos, él (hermanito antes en Toluca) y yo no podemos más que reír, una sonrisa, un abrazo, un beso y emocionarnos por todo lo nuevo.
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