
Valientes son los sueños que sobreviven a la decepción, a la apatía, al dolor y a la frustración, son los que igualan las circunstancias, las reconocen y de ahí construyen un presente más congruente a ellos. Dicen que utopía y pragmatismo son dos conceptos que parecen irreconciliables, debo sumarme a los que opinan lo contrario, lo que ahora vivo es una prueba de ello. No hablo sólo de la relación en la que me encuentro, hablo del trabajo, los proyectos con el diplomado, la familia y los amigos que al llegar a casa me hacen más ligero el peso de mantener este ambiente que alguna vez soñé, peso ligero porque va todo en orden, todo bello. Caminando por la cíclica calle de Amsterdam, me veo mirando más allá de lo que antes me permitía observar, por eso poco pienso en lo demás, sólo espero que quien a mi lado se encuentra no necesite leer esto para entender que para mi, su “wey”, un “te quiero” que no es devuelto en lugar de incrementar el sentimiento, lo hace apagarse lento. Finalmente lo que es congruente entre nosotros es que somos grandes amigos y si un día de nuevo me despierto solo, y descubro así que la utopía se ha desvanecido, no habrá dilema, sabré que se siempre se quedará conmigo, sólo que en ese instante nuestros caminos ya no serán el mismo.
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