
“Y es por eso que hoy puedo decir: Te Amo...” Concluía mi oratoria de casi tres horas en aquel mágico lugar elegido estratégicamente por él para nuestro reencuentro. El cúmulo de experiencias de los pasados días se vaciaba por mis labios y llegaban a sus oídos sin nada que los hiciera digeribles, así toscas, rudas, crueles, crudas mis sentencias se escurrían como una diarrea verbal infinita: el drama del héroe trágico, la llegada de los cisnes negros, la aparición de un desfile de personajes nuevos, las quejas que me había guardado completas y la convicción total de que para anunciar que amas algo con todas las ganas debes primero haber renunciado a ello. Este fin de semana me fui al saunota ese conocido como Patrick Miller, también quién considero ya un gran mejor amigo me invitó a ver “¡Que Plantón! y comimos unos buenos cortes de carne en un restaurante Uruguayo cerca del edificio donde vive, platicamos poca madre acompañados por una botella de buen vino argentino de la región de Mendoza y nos despachamos unos buenos “tracks” de “Deep Forest” ya instalados en su departamento. Pero no hubo nada mejor que haber renunciado y una noche antes reencontrarme con su labios, su olor, su cuerpo, esa renuncia me vino natural en el transcurso de este tiempo... “Y es por eso que hoy puedo decir: Te Amo...”
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