
Fueron los tiempos universitarios dadores de mucha claridad en mi existencia, fenómenos importantes que no experimenté en mis tiempos “prepos”, me cayeron todos como balde de agua fría: drogas, homosexualidad, borracheras, sexo, compromiso social, tachas, viajes y “viaaaaajes” pero sobre todo: amistad, que me vino de tres personas que a la fecha, aunque dispersas y procurándonos de más a menos, no hemos permitido que se pierda el lazo ni el afecto. Y no es que no tuviera ya a “hermanito mejor amigo desde la secundaria” o “amigo caricaturista que se lo trago la tierra”, que son historias distintas, aquí hablo de tres viejas de otro nivel, que en cuatro años de carrera nos dedicamos a ser la contradicción en ocho piernas pálidas, que disfrutábamos el café y la charla y nos ahorrábamos el drink y el antro. Que nos daba el tedio y nos ganaban los momentos depresivos al ver una realidad tan estúpidamente incongruente, culera y ojete. Que leíamos a Hesse, Cortazar, Borges, Benedetti, y así nos hacíamos bolas con los líos amorosos, éramos absurdos y renegábamos de nuestro hogar, de nuestra realidad, pero nunca dimos el salto a algo más, nos faltaban agallas, aún así nos comportábamos en onda: “perra”, muy totales, matados, pero a la vez vale madres, vale madres en encajar, en caerle bien a todos, dos en extremo, los otros dos más conciliadores. Para la mitad de la carrera una ya le gritaba “peeeeerros” a los compañeros de la clase para que guardaran silencio, para finales, dos hicimos un experimento con el que se rompió el orden social y se reveló la farsa y lo patéticamente aburridas que pueden resultar las vidas consumidas por la rutina. La sonrisa me vuelve al rostro, más cuando nos reunimos para cenar y mirarnos de nuevo, una a punto de casarse, la otra finalmente liada su familia, la que es también mi “hermanita mejor amiga universitaria”, a todo lo que va con sus proyectos nuevos, y el que aquí escribe a punto de dar un par de saltos que le harán bien chingona la existencia. “Qué pedo Bitch” era el saludo en aquellos días de escuela, hoy es la frase con la que iniciamos una charla larga en aquél departamento en la San Miguel Chapultepec. Lo que concluyo es que a nuestro ritmo y en caminos separados, hemos entendido esta sentencia: “Ocúpate de lo tuyo, y ya”. Por que si bien en esos tiempos de colegio las charlas largas se referían a cambiar el mundo de una forma radical, hoy queda claro que la esperanza se encuentra en remover todas esas neurosis con las que fuimos programados “default,” neurosis, algunas que ya creía olvidadas, pero de este reencuentro entre pasado y de futuro, de nostalgia y proyectos, me doy cuenta que aún me va bien lo “bitch”, lo perra y me sale con quién menos quisiera.
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