10.11.09

25.43 SINÉCDOQUE


Para entender la totalidad puede ser útil el mirar estas cuatro partes:
El primero ha cumplido los 38 años, del desempleo a las filas de nuestro Consejo Nacional de Cultura, crítico, incisivo, mamón, cínico, y de un sabor agridulce, poderoso cuando conviene, conciente de sus momentos débiles, compartimos una tarde lluviosa y una charla larga donde menciona a Castells, Foucault, y sus ojos se prenden al hablar de Benjamin, me marcho después de Bloch, y me da gusto que aún él pueda creer menos en Lipovetsky y más en el Principio Esperanza.
El segundo está metido en la política y muy bien parado, me he prohibido profundizar al respecto, me quedo con su invitación al teatro, con el recorrido “kitsch” por la Ciudad de México para festejar sus 40 años, acompañados de su mejor amigo que llegó de Chiapas. Tierno, detallista, interesante me comparte las experiencias universitarias al lado de su invitado, escuchamos trova, bebemos vino, reímos de su trabajo, de los lugares que visitamos, del show “trasvesti” que nos tocó ver y de un mundo gay que no me tocó vivir.
El tercero llegó a mi vida en tiempos universitarios, fue mi profesor de Comunicación y Educación, dejamos pendientes muchas charlas largas, Diseñador Gráfico, Maestría en Psicología, socio de un despacho y de una Editorial, regresó por casualidad a mi existencia siete años después y nos hemos puesto al corriente charlando de mis proyectos, del diplomado, de lo que quiero para los próximos años. Ahora nos vemos juntos la última película que filmó Jodorowsky y tenemos una plática que vale la pena atesorar.
El cuarto y el más importante es con quién comparto proyectos desde hace 7 meses, algunos son sencillos como acudir a la ópera o compartir una buena película, algunos son más complejos e involucran viajes largos y la vida misma, es a quién amo y a quién me importa ver feliz, estudiante de la nacional de música, simple en el carácter, suave en el tacto, lindo como nadie, apasionado como pocos, un ángel.
Concluyo que para entenderme en mi totalidad puede ser útil el mirar estos cuatro mundos en los que por fortuna se me ha permitido entrar y no queda más que agregar solamente que es el último el que me importaría que se quedara, pero curiosamente es el único que no lo hace y se va, y así batallo solo contra el frío, pero me reconforta su voz lejana y el saber que es fiel a la sentencia de un gran filósofo que algún día me enseñó: “Ama y haz lo que quieras”. El tiempo en el departamento es cada vez más escaso, la dinámica cambiará cuando empiece la temporada nueva de mi existencia, pero por ahora me quedo con gratos recuerdos de grandes amigos, compañeros que me permiten por un instante ver a través del cerrojo de su propia vida y aunque agotado termino, sin duda vale mucho la pena.

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