24.2.10

25.44 EL GRITO O LOS AMIGOS 4EVER


No puedo gritar, no me nace tan fácil, me siento caer en un hoyo de cinismo que se potencializa al mirar la incongruencia a mi alrededor, al ser yo el que le da sentido a esos estímulos, entendemos “ergo” que toda esa desesperanza es la oscuridad que se acumula en lo más profundo de mi alma. Pero a pesar de que el viento suene sólo a drama y todo parezca nefasto hay varios cimientos que mantienen mi estructura en pie y enorme. Esta semana con su puente patrio y sus festejos tricolores, la concluyo cenando con mis tres mejores amigos en la vida: hermanito amigo desde la secundaria, hermanita mejor amiga de la universidad y hermanito actual “roomie” arquitecto (y mi familia los últimos dos años). Así es más sencillo pedirle éxito a los inciertos días que se acercan, realizando un pacto con las tres personas que me recuerdan lo valioso de mi existencia, que aunque cada vez distantes en caminos, fondo y forma, en “la amistad de la que hablo (la nuestra) se mezclan (las almas) y confunden una con otra en una unión tan universal, que borra la sutura que las ha unido para no volverla encontrar”.
Clausura cursi, después de los debates respecto a gritar hoy: “Viva México”, con todo lo que implica y es que no puedo gritar, no me nace tan fácil, pero una fuerza enorme que se llama amistad, con sus imperfecciones, sus fallas y sus bajas me lo permiten por instantes, y poniéndose más cursi, el momento de tenerlo cerca, de tomar su mano de acariciar su piel, de fundirnos en un solo cuerpo, es en ese momento que escucho salir de mi boca el grito, que ya es un canto porque también es bello y es bello porque es más humano, natural y honesto.        

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