24.2.10

25.48 LEVÍTICO


Pareciera que el mundo y su humanidad se mueven todos bajo las mismas reglas, desde el momento de la concepción la ley del más fuerte parece ser una constante que impera. Imponer nuestras verdades como únicas y universales, hacer que en todos los ámbitos de la vida se haga nuestra voluntad sobre la de los demás, son un principio básico que sigue amenazante al hombre y desde mi perspectiva lo condena a su infelicidad. No soy perfecto, disto mucho de serlo, a mis próximos 26 años de vida cumplidos me siento más incompleto que nunca, pero mas responsable y en esa dinámica mucho más libre que al empezar este recorrido. Mis reglas son no creer en la suerte, entender que somos animales que construimos realidad y que cada uno le da un sentido relativo a la suya, creo como dice Kierkegaard que la verdad  es la subjetividad, pero sobre todo creo firmemente que eso le da una responsabilidad enorme al ser humano. Pienso que la vida es una sucesión constante de casualidades, causas y consecuencias; que no podemos crear una definición de Dios, porque es el único absoluto no referido, así que debemos conformarnos con imágenes de el mismo, considero que el error a sido darle a esas imágenes y a esos modelos la calidad de únicas y verdaderas. Dios es para cada quién lo que quiera ser pero hoy estoy convencido de que yo soy Dios y el paraíso es aquí en la tierra, y aunque la sentencia suene soberbia, me pongo más humilde al creer también que todos somos Dios y es por eso que no podemos seguir esperando a que una fuerza externa o milagrería chatarra nos arregle los pedos de nuestra existencia. Alguna vez me convencieron que con decretar las cosas estas ocurrían, hoy se que no basta decretarlo, sigue actuar apasionadamente y con fe ciega para que la realidad como la imaginamos suceda. Creo que fe no es sólo cuestión de religión y por lo tanto tampoco puede estar peleada con la ciencia, creo que es la fe la que da el “anima,” el ánimo al que sueña, al que investiga, al que pinta, al que reza, porque la fe no tiene sentido sin una acción concreta y la acción no tiene sentido sin fe. Palabras más, palabras menos, regreso al porque decir que un simple mortal es Dios, pues porque eso me motiva a seguir conociendo mi divinidad, mi vocación, mi poder y mi fuerza, y sólo así cobrar conciencia de lo responsable que eso me hace de mi realidad, del bien común, de mis semejantes, de mis cercanos de mis apartados, de mi cuerpo, de mis células y de mi paso por este planeta. Creo que tiempo y espacio son métricas importantes pero que nos limitan, es sólo la fe (creer) lo que nos permite ir más allá de ellas, como lo demostró Einstein y toda su imaginaria Ciencia. Creo que entender que la fuerza superior solo se manifiesta a través de uno, esto nos da un pavor enorme porque de paso nos da toda la responsabilidad. Considero que el amor es la manifestación más pura de esa fuerza, porque el amor es libre, con-fiado, creo que “all you need is love” no se puede resumir en: “todo lo que necesitas es una pareja que soporte tus neurosis, tus miedos y tus carencias”, eso puede o no puede ser parte del proceso, pero no es el fin, el amor que se necesita va más allá del “eros”, es más sublime. Estas y muchas creencias que surgieron en estos 25 años, son y serán mis nuevas reglas, esos pilares que mi humanidad me exige para no perderme en una realidad rebelada como peligrosa donde al parecer se mueven y movemos todos bajo las mismas reglas, porque desde el momento de la concepción la ley del más fuerte parece ser una constante que impera. Aquí imponer nuestras verdades como únicas y universales, además de hacer que en todos los ámbitos de la vida se haga nuestra voluntad sobre la de los demás, pueden ser un principio básico que sigue amenazante al hombre y desde mi perspectiva lo condenan a su infelicidad. Mi ley amar y servir, pero diablos que cuesta un trabajo enorme, ser Dios, responsable de lo que me rodea no es sencillo cuando 24 años creía que era un simple mortal y justo cuando pienso en tirar la toalla y a pesar de todo el caos, llega Mozart con su obra masónica: La Flauta Mágica y me da todos los argumentos para creer en estas sentencias y en otras nuevas y en muchas más. FIN ?.

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