24.2.10

Da' Horses 10 (La Transformación)


En el momento de la penetración, se me vino de nuevo la vida toda, con sus recuerdos perfumados a madera y humedad. Podía respirar bajo el agua y mis ojos miraban la profundidad del mar con todos su matices, no más oscuridad, había colores sicodélicos a donde dirigiera la vista. Sentía su aliento jugando con mi oreja y su barba irritaba mi cuello, el sabía lo que seguía, sabía que al hacerme suyo el acto también lo mataría, como la abeja que al inyectar veneno se desprende de su aguijón para morir pasadas las horas, el también optaría por un rito similar, el brillo de su piel dorada se comenzó a extinguir.

De nuevo sentí mis músculos palpitando y poniéndose tensos, fuertes, vivos. Sentía como su poder cada vez más débil se incrustaba en mis entrañas, los jadeos aumentaron, la manera en que, con sus manos grandes, se aferraba a mi cintura, me obligó a responder aunque la sensación no fuera agradable, parecía que mi cuerpo necesitaba sentirse conectado y por eso con movimientos más violentos dejé que el placer sustituyera al dolor.

Los gritos del momento tuvieron eco en el fondo del mar, y cuando explotó toda la energía, también se extinguió el miedo, se escapó por completo de mi sistema. El Tritón dejó caer su pesado cuerpo sobre mi espalda, débil solamente pudo susurrar: - “Ahora él va a recibirte, te he hecho digno, si tus corceles regresan, obtendrás el regalo de su presencia”. La magnificencia y esplendor que brotaba de aquella criatura mágica, se había apagado como un faro que se apaga después de una furiosa tormenta, seguía aferrado a mis caderas pero su piel era ahora del color de una piedra, los ojos felinos estaban blancos y el polvo de oro que forraba su cuerpo se había convertido en ceniza.

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