
Hace cuatro años pacté con mi asesor de proyecto terminal, estudiar el asunto del arte contemporáneo en México, para titularme como todo un comunicólogo. Motivado por las diatribas de la ya lejana materia: Desarrollo de habilidades del pensamiento, me dispuse a encontrar el hilo “mágico musical” que le brindaba a las obras de arte ese bello nombre: “obras de arte”. “Seré un chingón cuando lo logre”, Pensaba.
Nuestro profesor al mando, de la ya lejana materia, nos pedía consumir el arte desde un nivel del conocimiento totalmente irracional, donde se sintiera la obra, donde se viviera en las entrañas, donde me cuestionara, exigía sentir, no leer el título del cuadro, de la escultura, sentirlo antes que nada, sin más. Y así me fui, suspirando frente a un Orozco, o un Francis Alÿs en mi más puro estilo “wannabe”, ceño fruncido, brazo cruzado y mano sosteniendo mi barbilla. Así me fui, entrevistando a la señorona Rita Eder, o visitando la colección Jumex y en ocasiones poniéndole cara de “what” a la muy amable asistente de curaduría del lugar. Visitas al MACO ahora FEMACO, simposios, galerías y no lo logré, por más que me esforzaba, no pude sentir nada, no me hallaba pues. No encontraba ese “mojo” del que me habló mi profesor, no frente a las piezas que proliferaban en el arte contemporáneo.
Probaba con la copia del Grito de Edvard Munch, o Bacon o el Goya Negro y helo ahí, esa sensación de angustia, entre muchas otras, sin necesidad de leer el nombre de las obras. Recuerdo que me estremecía al escuchar los sentimientos encontrados de Salomé, la de Wilde, musicalizada por Strauss, sin saber una pizca de Alemán. Me maravilló en ese entonces la propuesta de Fluxus cuando, aprovechando que la señorita Hilda Mayer, confidente y compañera de escuela, hacía su servicio social en el Tamayo, y me coló a una visita guiada.
¿Qué me ocurría entonces con el evento codirigido por Zélika García?, donde me mojaba más, de primera vista, al contemplar a los “galeristas” Neoyorquinos, que al enfrentarme a un montón de chatarra vieja puesta en una charola naranja. Estaba a punto de frustrarme y cambiar mi proyecto a uno sobre “Las pistas de blue”, luego pensé que la parte de la pedagogía tampoco era lo mío y para un licenciado analizar a una perrita simpática no resultaba tan de “caché” como hablar de arte. Así o más “wannabe” el joven.
De tal desesperación, mi gran amigo David me dio en prestamo el número con el que la revista “Replicante” celebraba su primer aniversario, no sólo me resolvió la vida, si no que me volví fanático de la publicación y me adueñé vilmente de tal ejemplar. En dicho número encontré un ensayo que desdobla y proyecta una experiencia idéntica a la que ahora escribo, de hecho suena a que me le he pirateado toda, por eso imaginemos el alivio que sentí al leerla.
En “Arte prêt-à-porter” Miriam Mabel Martínez, toca este tema de una manera excepcional, cito: “ Mi historia fue feliz hasta que mi hábito de mirar se transformó en leer cédulas. De pronto me percaté de que la contemplación no era suficiente, que recurría a la explicación para tratar de entender lo que la pieza no lograba hacer explicito” escribió la autora en su ensayo, quitándome de encima una carga enorme. “Alguien me dijo: Mira reina, no se trata ni de entender ni de sentir, ni de racionalizar ni de criticar, mucho menos de ver, se trata de estar.¿Estar en dónde?, pregunté. No seas tan profunda.” Sin duda le contestaron. Y en un santiamén todo resultó más claro.
Primero: la observación ortodoxa ha quedado en el olvido, segundo: en cualquier tema sobre el arte nunca encontrarás respuestas, sólo debates, tercero: “choro mata todo” hoy la obra contemporánea si no se explica, no trasciende, es decir que tiene que llevar siempre un argumento, un discurso, un título. Cuarto: esto no suena tan desquiciado si nos damos cuenta que nuestra sociedad es más racional que nunca y el arte siempre ha sido un espejo de la sociedad en la que prospera ya que su nivel social, económico y estético no se pueden separar. Quinto: los problemas sociales han rebasado los problemas estéticos. Sexto: Frente a las obras hoy en día hay cosas que pasan dentro de la persona que pueden ser a un nivel subjetivo y objetivo lo cual es aun muy difícil de precisar. Séptimo: El oficio del lenguaje es muy importante, la inteligencia y la creatividad para interrogar problemas sociales y los sistemas del arte. Vaya así es más sencillo de entender el asunto ¿No?.
Atinados estos puntos y haciéndolos parte de mi análisis me puse mas positivo que la señorita Miriam Mabel, ante tal situación, así que me faje el pantalón y me encaminé de nuevo a la planta del “jugo de la vida”, ya menos iluso y un poco mas cínico curiosamente sentí "bonito" cuando la señorita Mariana Morales me explicó en ese entonces el proyecto que Francis Alÿs estaba por llevar a cabo. Juntaría a un grupo de personas y se las arreglarían para mover unos cuantos centímetros una colina ubicada en Lima, con ayuda de palas y el esfuerzo de todos los involucrados. Si sólo hubiera visto a un montón de gente paleando grandes cantidades de arena, la experiencia no estaría completa pero cuando escuché el título de la obra, gracias a mis referentes más racionales y gracias al conocimiento del discurso del artista, se me puso la piel chinita, el nombre: “Cuando la fe mueve montañas.”
Pero hay algo ahí que tuve que aniquilar en ese momento: mi ilusión por encontrar ese “algo” intangible, místico, único que ha hecho inmortales a personajes de siglos pasados. Hoy en día ya no aplica. Desperté de la fantasía y miré la realidad: la humanidad evoluciona en todos los aspectos, y el arte es uno de ellos, hemos pasado del artesano al artista, y del artista a la celebridad, el mercado más cínico que nunca, demanda consistencia en las obras, discursos, y los circuitos elitistas que engloban galerías, curadores, etc. son los encargados de decidir que se muestra en sus espacios, y cómo escuché por ahí, no se trata de lo que es bueno, ni de lo que es malo, es acerca de tener poder, pero esa es una sentencia que merece un análisis aparte.
El éxito del artista en la categoría a la que hoy pertenece un Gabriel Orozco, un Debroise, una Castillo, un Alÿs, etc. Depende no sólo de un talento, si no de la manera en que escalen con su propio trabajo, teniendo en cuenta que es necesario un trabajo consistente y de buena factura. Destacará el que entienda el lenguaje contemporáneo, y nuestro lenguaje hoy en día es racional, es del intelecto, no del sentimiento, no como antes. Pero no sólo eso, hoy el artista busca venderse en el mercado, en las galerías. Estar, se trata de estar. Los nuevos artistas para alcanzar el éxito, tienen que estar, en inauguraciones, con “outfit” alivianado, hacerse de amistades, como en cualquier profesión, conseguir el contacto, y hacerlo bien, entrar y una vez adentro no soltar.
Luis es un aspirante a músico con el que salgo hoy en día, hace poco me invitó a una inauguración en la galería OMR, que se fundó el mismo año en que yo nací, la exposición se llamaba Fortuna y en gran parte consistía en mapas de constelaciones formados con monedas de la colección personal del artista, tuve la oportunidad de felicitar al señor Vargas Lugo, sencillito y carismático, la obra me puso a “pensar”, no hay duda, pero una voz ronca a lo lejos me trajo de nuevo a esta realidad, cabello casi rojo y unos ojos preciosos: “Buenísimo weeeeeeeeey” Guapísima, la señorita Zélika hacía su aparición y mientras yo miraba a un par de jóvenes de 18 años, fular al cuello y palestina, suspirar y maravillarse frente aun collage que refería a una rosa de los vientos, uno le dijo al otro: ¿No lo sientes?. No pude evitar sonreír por dentro, suspirar y tomar la primera cerveza que se me puso enfrente.
Nuestro profesor al mando, de la ya lejana materia, nos pedía consumir el arte desde un nivel del conocimiento totalmente irracional, donde se sintiera la obra, donde se viviera en las entrañas, donde me cuestionara, exigía sentir, no leer el título del cuadro, de la escultura, sentirlo antes que nada, sin más. Y así me fui, suspirando frente a un Orozco, o un Francis Alÿs en mi más puro estilo “wannabe”, ceño fruncido, brazo cruzado y mano sosteniendo mi barbilla. Así me fui, entrevistando a la señorona Rita Eder, o visitando la colección Jumex y en ocasiones poniéndole cara de “what” a la muy amable asistente de curaduría del lugar. Visitas al MACO ahora FEMACO, simposios, galerías y no lo logré, por más que me esforzaba, no pude sentir nada, no me hallaba pues. No encontraba ese “mojo” del que me habló mi profesor, no frente a las piezas que proliferaban en el arte contemporáneo.
Probaba con la copia del Grito de Edvard Munch, o Bacon o el Goya Negro y helo ahí, esa sensación de angustia, entre muchas otras, sin necesidad de leer el nombre de las obras. Recuerdo que me estremecía al escuchar los sentimientos encontrados de Salomé, la de Wilde, musicalizada por Strauss, sin saber una pizca de Alemán. Me maravilló en ese entonces la propuesta de Fluxus cuando, aprovechando que la señorita Hilda Mayer, confidente y compañera de escuela, hacía su servicio social en el Tamayo, y me coló a una visita guiada.
¿Qué me ocurría entonces con el evento codirigido por Zélika García?, donde me mojaba más, de primera vista, al contemplar a los “galeristas” Neoyorquinos, que al enfrentarme a un montón de chatarra vieja puesta en una charola naranja. Estaba a punto de frustrarme y cambiar mi proyecto a uno sobre “Las pistas de blue”, luego pensé que la parte de la pedagogía tampoco era lo mío y para un licenciado analizar a una perrita simpática no resultaba tan de “caché” como hablar de arte. Así o más “wannabe” el joven.
De tal desesperación, mi gran amigo David me dio en prestamo el número con el que la revista “Replicante” celebraba su primer aniversario, no sólo me resolvió la vida, si no que me volví fanático de la publicación y me adueñé vilmente de tal ejemplar. En dicho número encontré un ensayo que desdobla y proyecta una experiencia idéntica a la que ahora escribo, de hecho suena a que me le he pirateado toda, por eso imaginemos el alivio que sentí al leerla.
En “Arte prêt-à-porter” Miriam Mabel Martínez, toca este tema de una manera excepcional, cito: “ Mi historia fue feliz hasta que mi hábito de mirar se transformó en leer cédulas. De pronto me percaté de que la contemplación no era suficiente, que recurría a la explicación para tratar de entender lo que la pieza no lograba hacer explicito” escribió la autora en su ensayo, quitándome de encima una carga enorme. “Alguien me dijo: Mira reina, no se trata ni de entender ni de sentir, ni de racionalizar ni de criticar, mucho menos de ver, se trata de estar.¿Estar en dónde?, pregunté. No seas tan profunda.” Sin duda le contestaron. Y en un santiamén todo resultó más claro.
Primero: la observación ortodoxa ha quedado en el olvido, segundo: en cualquier tema sobre el arte nunca encontrarás respuestas, sólo debates, tercero: “choro mata todo” hoy la obra contemporánea si no se explica, no trasciende, es decir que tiene que llevar siempre un argumento, un discurso, un título. Cuarto: esto no suena tan desquiciado si nos damos cuenta que nuestra sociedad es más racional que nunca y el arte siempre ha sido un espejo de la sociedad en la que prospera ya que su nivel social, económico y estético no se pueden separar. Quinto: los problemas sociales han rebasado los problemas estéticos. Sexto: Frente a las obras hoy en día hay cosas que pasan dentro de la persona que pueden ser a un nivel subjetivo y objetivo lo cual es aun muy difícil de precisar. Séptimo: El oficio del lenguaje es muy importante, la inteligencia y la creatividad para interrogar problemas sociales y los sistemas del arte. Vaya así es más sencillo de entender el asunto ¿No?.
Atinados estos puntos y haciéndolos parte de mi análisis me puse mas positivo que la señorita Miriam Mabel, ante tal situación, así que me faje el pantalón y me encaminé de nuevo a la planta del “jugo de la vida”, ya menos iluso y un poco mas cínico curiosamente sentí "bonito" cuando la señorita Mariana Morales me explicó en ese entonces el proyecto que Francis Alÿs estaba por llevar a cabo. Juntaría a un grupo de personas y se las arreglarían para mover unos cuantos centímetros una colina ubicada en Lima, con ayuda de palas y el esfuerzo de todos los involucrados. Si sólo hubiera visto a un montón de gente paleando grandes cantidades de arena, la experiencia no estaría completa pero cuando escuché el título de la obra, gracias a mis referentes más racionales y gracias al conocimiento del discurso del artista, se me puso la piel chinita, el nombre: “Cuando la fe mueve montañas.”
Pero hay algo ahí que tuve que aniquilar en ese momento: mi ilusión por encontrar ese “algo” intangible, místico, único que ha hecho inmortales a personajes de siglos pasados. Hoy en día ya no aplica. Desperté de la fantasía y miré la realidad: la humanidad evoluciona en todos los aspectos, y el arte es uno de ellos, hemos pasado del artesano al artista, y del artista a la celebridad, el mercado más cínico que nunca, demanda consistencia en las obras, discursos, y los circuitos elitistas que engloban galerías, curadores, etc. son los encargados de decidir que se muestra en sus espacios, y cómo escuché por ahí, no se trata de lo que es bueno, ni de lo que es malo, es acerca de tener poder, pero esa es una sentencia que merece un análisis aparte.
El éxito del artista en la categoría a la que hoy pertenece un Gabriel Orozco, un Debroise, una Castillo, un Alÿs, etc. Depende no sólo de un talento, si no de la manera en que escalen con su propio trabajo, teniendo en cuenta que es necesario un trabajo consistente y de buena factura. Destacará el que entienda el lenguaje contemporáneo, y nuestro lenguaje hoy en día es racional, es del intelecto, no del sentimiento, no como antes. Pero no sólo eso, hoy el artista busca venderse en el mercado, en las galerías. Estar, se trata de estar. Los nuevos artistas para alcanzar el éxito, tienen que estar, en inauguraciones, con “outfit” alivianado, hacerse de amistades, como en cualquier profesión, conseguir el contacto, y hacerlo bien, entrar y una vez adentro no soltar.
Luis es un aspirante a músico con el que salgo hoy en día, hace poco me invitó a una inauguración en la galería OMR, que se fundó el mismo año en que yo nací, la exposición se llamaba Fortuna y en gran parte consistía en mapas de constelaciones formados con monedas de la colección personal del artista, tuve la oportunidad de felicitar al señor Vargas Lugo, sencillito y carismático, la obra me puso a “pensar”, no hay duda, pero una voz ronca a lo lejos me trajo de nuevo a esta realidad, cabello casi rojo y unos ojos preciosos: “Buenísimo weeeeeeeeey” Guapísima, la señorita Zélika hacía su aparición y mientras yo miraba a un par de jóvenes de 18 años, fular al cuello y palestina, suspirar y maravillarse frente aun collage que refería a una rosa de los vientos, uno le dijo al otro: ¿No lo sientes?. No pude evitar sonreír por dentro, suspirar y tomar la primera cerveza que se me puso enfrente.
Obra: Delgado
1 comentario:
Zélika gooooeeeeei, tipo artecontemporáneadicta ya sabes, goeei, así muy en el mainstream, jajaja, amo esa palabra, tan fácil de aplicar y tan difícil de entender...
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