29.1.09

Confesión 9: If You Wannabe an Artist


La colisión es en mis neuronas al escucharlo hablar, tan sencillo, tan atractivo y alto, muy, acompañado de su musa máxima, el señor David LaChapelle se encuentra sentado frente a fotógrafos y reporteros en el salón de un hotel de zona rosa, enfundado en jeans, chamarra de cuero y gorra. Amanda Lepore con sus labios rojos, muy, está a su lado, viste una bata de baño del hotel, mostrando un escote bárbaro que pone en evidencia la firmeza de su operado busto. Yo sonrío desde mi lugar en segunda fila miro la escena y la colorida fauna que alberga el recinto.

Desde perras reporteras que engullen sarcasmos faltos de gracia, productoras víboras que mientan madres si alguien osa a tapar la toma que captan sus cámaras de televisión, hasta gritones fotógrafos que dan instrucciones imperantes y como feroces depredadores brincan con cámara en mano hacía los artistas y organizadores para captar la mejor fotografía, uno toma su cámara, pone en display la imagen que acaba de tomarle a la musa de David y hace zoom para inspeccionar de cerca los pechos de nuestra transexual favorita y cantante (I don't know much about clothes, but my hair looks fierce!), creo que el tipo babea. Todos y cada uno de ellos hacen de una simple conferencia de prensa un rito que resulta tan ameno como productivo.

Recordando confesiones pasadas, me viene a la mente aquél análisis del arte contemporáneo en nuestro país que realicé para obtener mi título de Licenciado, fallido el resultado, nunca pensé que dicho proyecto me abriera las puertas para los eventos que se realizarán esta semana con motivo de la visita del fotógrafo gringo a nuestro país. Pero así fue y así ocurre, listo estoy para lo que viene: diluvio, renovación, decadencia, Jesús, un viaje del cielo al infierno, destrucción y desastre; en pocas palabras: Delirium of Reason.

Delirios de Razón es la justificación para estar enfrente de este hombre que tanto se admiró durante y después de la universidad. Gracias a las escapadas clandestinas a zona rosa, hace algunos años ya, a muy pocos metros de aquél hotel donde finalmente la vida me lo pondría cerca, me recuerdo en El Péndulo hojeando “Hotel LaChapelle” con sorpresa y admiración. Momentos llenos de gracia, belleza, sexo, corrupción de los ambientes, del cuerpo y de las ideas, ironía, humor, todo captado por el lente de un fotógrafo que se muestra empapado por el glamour, el star system y los más grandes íconos de la cultura pop; y que son el resultado de trabajar en el Studio 54, apadrinarse por el mismo Warhol y de vivir en New York.

Especial y vigorizante, sexual y que atrapa, capta, habla, comunica, enfatiza. Si la obra de Pierre y Gilles nos puede mostrar al mismo diablo con un aire europeo y celestial, LaChapelle con sus imágenes aceitosas nos devuelve a la crudeza de lo bello y transforma la realidad en sueño para explicar su visión del mundo. La polémica participación del traductor en la conferencia de prensa deja a mis oídos como único receptor de ayuda para entender las declaraciones de nuestro fotógrafo en cuestión: un jugador cansado del glamour de las estrellas y que descubrió tal hastío en plena filmación de un video de Madonna, el cual abandonó a media producción.

David fue contratado por Warhol para trabajar con él, David comenzó a fotografiar celebridades para revistas de música, diseño, moda, lujo y bluff, David ha dirigido videos musicales de ídolos pop y comerciales para marcas imperialistas, David ha hecho retratos de modelos, políticos, cantantes, transexuales, actores y todos los recopiló en un libro que tituló: Artist and Prostitutes. David se convirtió en un Rock Star de la fotografía, a David el título finalmente le fatigó.

Retirado de los rostros famosos, se refugió lejano hasta que apareció una oportunidad más sensata y regreso a las galerías y se lanzó a los museos finalmente con éxito, volviendo a una etapa de libre creación. En este caso las propuestas guardan el sello característico de sus obras, color, surrealismo y diálogo, resultado de un entrenamiento de años que consolidó con trabajos anteriores donde un simple retrato de la reina del pop, por ejemplo, dice más a través de la sátira, la parodia y la referencia a obras clásicas.

La destrucción, el caos del mundo, el Apocalipsis, los fundamentalismos, hacen que “LaCapilla” no sea sólo su apellido, si no un sitio recurrente y junto con la fe, temas que se abordan a través del desastre y el contraste, la pose, la fase y lo éfimero son victimas de su peculiar sarcasmo. Cansado del arte contemporáneo, que necesita ser interpretado y reinterpretado por círculos especializados, el manifiesto de LaChapelle, es ser lo más claro posible, lo más figurativo para que su mensaje sea accesible a todos, pero no por eso crea mensajes simples.

LaChapelle no cree que Barack Obama sea un mecías y al observar ciertos arranques de fanatismo siente escalofríos, dice pues que el bienestar de la ciudadanía es responsabilidad del ciudadano y que este no puede estar sentado esperando a que le cambien la vida. también quiere fotografiar Charros y se siente maravillado de exponer en el recinto más importante para el muralismo de nuestro país. LaChapelle sabe que el 11-09 ha hecho cuestionarnos harto sobre como vamos a terminar y talvez sea por eso que nos habla de armagedón, guerra y diluvios.

Recuerdo entonces algunas de las conclusiones de aquél análisis que realicé hace un tiempo: si el arte es el espejo de una sociedad, a una sociedad de consumo le corresponde un arte igual. David dice que se cansó del star system y que entrar a galerías y museos fue como un renacimiento para él y su arte, David LaChapelle wants to be an artist y confiesa que de momento no quiere ser parte de ese mundo que le dio materia prima por más de una década, el de los ídolos pop y lo comercial, pero acepta que en ese entonces fueron las páginas de un magazine lo que le dio exposición a su trabajo y desde ahí pudo hablarle al otro mundo, al de allá afuera. Es un hecho que aún nos cuesta trabajo confrontar, arte y diseño publicitario ya no están tan separados como queremos pensar.

El señor LaChapelle ahora se da el lujo de regresar a nuestro país a inaugurar una exposición con 64 obras realizadas entre 1995 y 2008, después de haberlo hecho en otros países como Argentina e Italia, pero en esta ocasión se conjugan piezas de sus series Awakened, Destruction and Disaster, Jesús is My Homeboy (de mis favoritas), Decadence, Star System y Deluge, sin dejar de lado el díptico Heaven to Hell y la Pieta with Courtney Love (buenísima), dando como resultado: Delirios de Razón. No se la pierda en su Colegio de San Ildefonso más cercano a partir del 3 de febrero.

Recuerdo entonces algunas de las conclusiones de aquél análisis que realicé hace un tiempo, David LaChapelle is an artist, dice que de momento no quiere ser parte de ese mundo que le dio materia prima por más de una década, el de los ídolos pop y lo comercial, como si ahora el arte no estuviera casado con los patrocinadores y lo comercial, la colisión es en mis neuronas al escucharlo hablar, miro todas las marcas que se anuncian en el panel que se encuentra detrás de él, una guapa edecán me obsequia una botella de Perrier y yo sigo extasiado con el zoológico en el que me vine a meter.
Obra: N.P.I.

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