Hay que ser honesto con uno mismo para entrarle directo al juego, los prejuicios no son válidos y las descalificaciones son mera vanidad, yo las dejo de lado, me divierto finalmente con esto que se llama existencia. Primero: una relación no puede ser perfecta, la paradoja que ilumina mis días es saber que cuando quieres algo debes prepararte para perderlo, renunciar desde el inicio a ello, sólo así y no antes estamos hablando de un amor sincero, libre, sin ataduras, auténtico. Segundo: puesto que hay mucho aún por aprender me hace bien que nuevos personajes me den una maestría de cómo se juega, por eso con vino en la mano visito a aquél nuevo amigo que vive en un piso once y que disfruta de las teleseries españolas, luego de brindar un par de veces ocurre todo lo necesario para respirar un aire nuevo, regreso a casa agotado y me llena de luz los ojos la llamada de quién se ha preparado un lugar especial en mi vida, nos despedimos por un tiempo, Haydn, Bach y las partituras nuevas ocuparan sus próximos días, olvido toda discusión y me quedo con la visita a San Ildefonso a su lado, recuerdo el domingo sobre el pasto de la Victoria Alada de Reforma y el pacto de recorrer juntos aquella ruta de los dioses que tanta propaganda esta recibiendo ahora. Tercero: que diablos, estoy enamorado, así que sigamos jugando el juego, y quién este libre de pecado que tire la primera piedra.

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