8.9.09

Da' Horses 8 (El azul)


Cuando el mar nos cayó encima, mi corcel azul quiso alcanzarme rápido para llevarme lejos a un lugar seguro, por desgracia no tuvo el tiempo suficiente y justo cuando se aferraba con su dientes a mi camisa, el cuervo hipócrita lo llenó de picotazos y le sacó los ojos, como acostumbran. Ciego y dolido alcanzó a escuchar el canto de la espuma unas horas después, ese ir y venir de las olas así como la brisa de una costa desconocida lo despertaron de un sueño largo. Una pared roja, muy roja era lo único que alcanzaba a ver, sentía el fresco del aire y el calor del sol, pero no podía ver más, sólo ese maldito muro rojo.

El segundo deseo, fue aquél donde mordió mi cuello y me succionó un poco de sangre para conocer mi sabor, los ojos felinos se incendiaron al probar un poco de mis glóbulos blancos. Como si cortara mantequilla su daga se deslizo hasta la nuca desde mis nalgas, en ningún momento sentí dolor. Abierta toda mi espalda retiró, como cuando te despojas de una bata de hospital, la primer capa de piel, dejando exhibida una superficie tersa y dorada donde antes habían imperfecciones y callosidades. Una luz nos rodeó a ambos, él regresó rápido a su cueva y sacó un cofre oxidado donde se guardo el traje que despegó sin problemas de mi cuerpo, metió la daga y comenzó a bailar tocando el arpa, feliz, observando su obra terminada, volvió a mi lado y empezó a cantar.

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